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Blancura

Jon Fosse

Un hombre conduce sin un rumbo en mente, hasta que su coche queda atascado al final de una pista forestal. Es una tarde de finales de otoño, ya casi no hay luz y comienza a nevar. En lugar de volver caminando hacia atrás en busca de ayuda o quedarse en el coche, de forma imprudente y sin saber muy bien por qué, el hombre decide adentrarse en el bosque. Inevitablemente, se pierde, y la noche sigue avanzando. Cuando el agotamiento y el frío empiezan a vencerlo, vislumbra un extraño resplandor en medio de la oscuridad

PREMIO NOBEL 2023

  • Escritura minimalista:Fosse utiliza frases cortas, repeticiones y un lenguaje sencillo para crear una atmósfera hipnótica y reflexiva. 
  • Flujo de conciencia:La novela se adentra en la mente del protagonista, explorando sus pensamientos y sentimientos más profundos. 
  • Simbolismo:La blancura de la nieve, la casa, la oscuridad y otros elementos simbolizan estados emocionales y existenciales. 

La blancura. En la impenetrable oscuridad se ve muy clara. Luminosamente blanca. Una luminosa blancura.

Jon Fosse (Noruega, 1959) es un escritor y dramaturgo galardonado con el Premio Nobel en 2023 por «sus innovadoras obras de teatro y prosa que dan voz a lo indecible«. Su estilo minimalista, introspectivo y poético, explora la condición humana, la espiritualidad, la trascendencia y el silencio.

Nacido en una familia de cuáqueros Fosse vivió una infancia feliz seguida de una adolescencia marcada por la tristeza. A los siete años sufrió un accidente que lo acercó a la muerte.

Entre sus obras más destacada Septología (2019), considerada su obra maestra. Su escritura, que a menudo carece de puntuación convencional y repite frases, crea un efecto rítmico y onírico, fusionando prosa y poesía.

Fosse, que es ex-alcohólico y se convirtió al catolicismo en 2013, ha declarado que escribir es como rezar, buscando trascender lo cotidiano.

Publicado enEventos pasados

Un comentario

  1. Nacho Nacho

    Me he animado a escribir mis pensamientos sobre el libro que comentamos el jueves.

    Blancura, Jon Fosse

    Esta semana que cierra volví a participar en el club de lectura. Cerveza en mano, comentamos el libro titulado Blancura de Jon Fosse, autor noruego.

    Me gustó mucho el escenario del libro: camino forestal, bosque, frío, nieve. Me recordó a las series policiacas nórdicas.

    Cuanto más inmerso estoy en el frenesí madrileño más anhelo esos parajes. Sobre todo bajo el tórrido sol de una tarde de verano.

    Pero este libro era aún mejor que muchas series. El tono ambiguo, psicológico y, sobre todo, trascendente superaba con creces a al deje aleccionador del cine actual.

    La trama no pretende abogar por nada en especial. No se observa lección moral aparente. Resulta un gustazo leer algo así en un contexto tan prolífico en opiniones.

    Lo leí en escasas dos horas, aunque interrumpido por el móvil. Es verdad que esto último no viene al caso. O quizás sí, porque llegué tarde a mi cita.

    Volviendo a lo que importa, la novela presume que el protagonista escapa una vida monótona, gris, confortable… etc. y acaba atascado en un bosque nevado.

    El autor describe un diálogo entre el impulso de buscar gente, ayuda, civilización… lo lógico, y la involuntaria reticencia de nuestro héroe de apostar por salvarse.

    Después de varias idas y venidas, tropieza con una confortadora forma blanca anónima, que no le proporciona ayuda, sino compañía, identidad que el personaje asocia con el amor.

    La marcha de la forma humanoide, da paso a que nuestro hombre se encuentre con sus padres. Destaca la figura de su madre que insiste en que de una vez por todas tome una decisión y se salve.

    Contra todo pronóstico, el protagonista sigue en sus trece: indeciso, ambiguo, ilógico, absurdo. En lugar de hacer caso a su madre, se sienta en una roca a descansar.

    El frío y el cansancio no dan tregua al personaje principal, quien finalmente da la mano a un hombre descalzo y con traje y corbata negras.

    Nuestro héroe es finalmente liberado, conducido fuera de sí, en un estado de ser sin sentido y de inmóvil movimiento, que es abrazado por una nada que lo es todo.

    Me he animado a escribir por lo mucho que ha resonado en mí la novela, probablemente por sus místico final y conclusiones ambiguas.

    Me fascina que el protagonista escuche su impulso más inmediato, frente a aquel seguro y convencional, y que de este modo acceda a su anhelo más verdadero: la compañía.

    Sorprende que se disipe esa reconfortante figura con la aparición de la madre, quien parece constreñir ese ese impulso tan libre, inmediato y verdadero.

    El desenlace, si bien precipitado, recuerda que la propia vida discurre dependiente de circunstancias y voluntades trascienden a la propia predicción.

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